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19 abr 2011

Robar Está Mal


Para refch



(Se está metiendo el sol y una multitud de proletarios exhaustos espera su transporte en la parada del camión. Llega éste, se detiene en su lugar, abre sus puertas, y los trabajadores suben con un lento orden propio del cansancio. El camión urbano cierra sus puertas y arranca avanzando unas cuantas calles, donde se detiene en otra parada de camión. Ahora sólo sube una persona: un pirata, con sombrero y dientes de oro. Le pide un chance al conductor para referirse a los pasajeros, quien amablemente se lo concede.)

UN PIRATA: (Con pata de palo, parche en el ojo y cara de malo) ¡Buenas tardes, gente de la ciudad! ¡Soy un pirata, verdadero y de carne y hueso! Durante años he habitado esta ciudad, seca y sin puertos, en búsqueda de un estilo de vida diferente al de mis compañeros. He estado leyendo un poco, y me he dado cuenta que el vivir a base de robar a los demás y asaltar otras embarcaciones está mal visto por la gran mayoría de los filósofos, tanto clásicos como contemporáneos, y que a nadie le gusta que le estén quitando sus gallinas y verduras cada quincena. Sin embargo, también me he dado cuenta de que estas prácticas siguen vigentes en todas las sociedades. Gente deshonesta esculca bolsillos en busca de indefensas carteras; comercios y patrones abusan de empleados, tomándoles el pelo y dándoles una miseria por un arduo trabajo físico; y lo más increíble de todo, los dirigentes, democráticamente electos, hurtan grandes motines que el pueblo ha acumulado, con el pretexto de usarlo para fines de desarrollo social, pero usándolo para limpiarse las botas de charol con sangre de unicornio. Yo creía que estas prácticas eran exclusivas de mis mares, donde no hay policía alguna que detenga a los piratas de atacar y robar a los demás, pero ahora veo que, como en tiempos de la colonia, el saqueo se ha institucionalizado, legalizado y justificado. Y además, la policía, que aquí sí hay, y no sólo una, sino dos y tres, lo único que hace es facilitar el abuso y cobrar su parte del motín ¡Por eso yo, una persona honesta, reformada, que solía tomar de lo ajeno, los llamo a ustedes a luchar por una vida segura y digna, a derrocar a esos tiranos que apoyan a embarcaciones malvadas, que toman su dinero y se lo gastan en giorgoarmanis, que prohíben la venta de ron a las tempranas diez de la noche, que alzan la bandera del terror en sus haciendas y palacios jactándose de su nivel social sin siquiera voltear a ver al pueblo, a la chusma, a los pobres, a los desamparados, a los desgraciados, a los revoltosos o a los piratas, quienes los mantenemos, para quienes trabajan y a quienes pisotean y maltratan sin pudor! ¡Muera el mal gobierno, mueran los ladrones, viva la justicia social y viva la lucha popular!

(Los proletarios se levantan de sus asientos aplaudiendo, chiflando y gritando eufóricos: ¡Muera el mal gobierno! ¡Muera!, mientras el pirata le da las gracias al conductor y baja por la popa del camión. Luego todos vuelven a sus asientos a continuar con su rutina diaria. La escena se repite en escuelas, plazas, calles y restaurantes. Todos se levantan a aplaudir y gritar, pero vuelven a sus lugares originales, atrapados por la inercia propia de los lugareños.)

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